La noticia de su aterrizaje en La mirada crítica, el informativo con más prestigio de Tele 5, causó sorpresa, debate y mucha expectación. Mientras, María Teresa Campos pasaba el verano perfilando ideas para el programa, tomando notas para su quinto libro y disfrutando de novelas históricas, como una sobre Grecia que le regaló Gustavo, su nueva pareja. Y como en el amor, vive el trabajo con la pasión de la primera vez. De hecho, el lunes 1 se estrenó con un cara a cara con el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, a quien nunca había entrevistado. “Es un sueño cumplido”, dice.

¿Te esperabas esa llamada desde Tele 5 para ofrecerte La mirada crítica?
No, pero porque nunca pensé que Vicente Vallés fuera a dejarlo. Lo ha hecho muy bien y me deja el listón muy alto. Pero sí que lo consideraba un programa adecuado para mí.

Para Vallés ha sido su confirmación como gran periodista. ¿Qué puede suponer para ti en este momento de tu carrera?
Volver a empezar. Tengo la misma ilusión que el primer día, y eso me da alegría, fuerza, vitalidad. Siempre me han gustado los retos.

¿Te adaptas al programa o al revés?
Nos adaptamos mutuamente.Siempre llevas tu propio equipo y ahora eres tú ‘la nueva’… ¿Cómo lo llevas?
También me pasó en El laberinto de la memoria y fue muy satisfactorio. Aquí tengo un equipo excelente y cuento con la redacción de Informativos. Además me hace ilusión que mi jefe sea Pedro Piqueras. Nos queremos mucho y nos respetamos más desde que coincidimos hace años en TVE.

¿Es un jefe muy duro?
Me tratará como jefe cuando deba hacerlo, pero eso no significa que no podamos mantener una amistad. Yo la he establecido con muchísima gente siendo la jefa.

Hasta ahora era tu labor habitual…
¿La mandona, no? (risas). Pues no, he tenido muchos jefes toda la vida.

¿Has propuesto muchas ideas?
Llevo todo el verano con esto en la cabeza, siempre tengo la máquina en marcha. Además del debate político, habrá un espacio de investigación con Alfonso Egea y otro de ciencia y salud con Miguel Ángel Almodóvar. Y prestaré especial atención al mundo de la cultura.

¿Tu sección predilecta?
Ahora podré entrevistar a mucha gente que hace años llevaba a mis programas. Y es que poco a poco fue haciéndose un tipo de tele más comercial y agresiva en la que era muy difícil meter ciertos temas. Te pongo un ejemplo: una vez llevé a Alejandro Amenábar, lo que parecía una gran entrevista; pero ese día la gente estaba colgada por conocer al amante de no sé quién.

¿Sobre qué tema de actualidad tiene María Teresa una mirada más crítica?
Sobre el terrorismo, sin duda. Porque es lo que no tiene arreglo.

¿Tú eres muy crítica contigo misma?
Sí. Y tengo muchísimo sentido del ridículo. Si meto la pata en algo, puedo estar acordándome varios días. Conforme pasan los años, va a peor porque siempre te exiges más.

Un programa diario sí que es exigente. ¿Es que te van los trabajos sacrificados?
No, masoquista no soy. Todo se pone en la balanza, y en la mía prima más lo positivo que lo negativo.

¿Soportas bien los madrugones?
Me estoy adaptando al horario europeo. Yo soy de comer tarde, pero ahora lo hago a la una y media y duermo un par de horas después.
En ese horario vas a coincidir con Pepa Bueno y Susanna Griso. Tres mujeres con perfiles diferentes ¿y algo en común?
Que son buenísimas periodistas.

¿Es eso lo que tienen en común contigo?
No voy a hablar de mí (risas).

Parecía que tu carrera iba a ser ya más tranquila, pero al final estás al pie del cañón. ¡Va a ser que te va la marcha!
Sí, yo había dicho últimamente que nunca más haría un programa diario ni quería madrugar… (risas). Sí que pienso que, cuando vaya a trabajar mucho menos, me gustaría poner música en una emisora de FM, como cuando era joven y no se podía hacer información porque estaba todo muy censurado.

Ya habrá otro momento, ¿no?
No sé si me va a quedar tiempo. Es lo que ya siempre me falta.
Hay quien te ve como la comunicadora más influyente y otros te tienen manía. ¿Notas esa doble percepción en la gente?
Los que me tienen manía no se dirigen a mí. Donde quiera que voy, noto más el cariño y el afecto. Después de tantos años trabajando, es un orgullo que la gente te quiera. Pero siempre he asumido que no puedes gustar a todo el mundo.

¿A estas alturas te sigue interesando lo que dicen y escriben sobre ti los compañeros de profesión?
Hombre, claro. Las críticas buenas me siguen causando la misma satisfacción, y si considero que alguien me ha hecho algo injusto, no puedo trascender a eso. Naturalmente el que da la cara ante el público se enfrenta a que los compañeros puedan decir que les gusta o no lo que haces. Pero no considero aceptable que te critiquen sin haberte visto. Y, por desgracia, eso me ha pasado unas cuantas veces.

¿Eres consciente del morbo que despierta que tu programa se emita justo antes que el de Ana Rosa Quintana?
El morbo lo ponen los demás; yo no voy a hacerlo, y me imagino que ella tampoco. Estamos las dos en el mismo barco, y lo que sea bueno para el programa de una, lo será para el de la otra.

¿Tenéis relación de compañeras?
Por mi parte, por supuesto.Son polémicas que te persiguen, como cuando se habló de ‘la cláusula Terelu’, que sin ella incluida no firmabas nada…Son cosas que dicen los demás.Yo no me creo la mayor parte de lo que “dicen que dicen”, y espero que otras personas tampoco se crean lo que “dicen que dicen que digo”.

¿Ficharás ahora a alguna de tus hijas?
No. Carmen sigue en Onda 6 [tele local de Madrid] y Terelu tiene una novedad que ya contará.

¿Y piensas seguir haciendo El laberinto de la memoria?
He firmado con la cadena varios especiales, pero van a ser de otro tipo.

¿Te fías a ciegas de Tele 5?
Hay respeto mutuo.

¿Has cargado las pilas durante las vacaciones?
Estuve fastidiada por una caída; rodé 15 escalones abajo, me hice daño en la espalda y tuve que llevar una cosa puesta. Pero, gracias a Dios, ya me la han quitado. Me han puesto firme este verano.

Firme tendrás ahora al equipo…
Claro, pero siempre con buenas maneras (risas).

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