Pocas personas permiten que se indague en su pasado. A menos, claro está, que se tenga una carrera como la de Concha Velasco. La actriz era aún una mocosa cuando le dijo a su madre aquello de “mamá, quiero ser artista”, y poco después su sonrisa de 15 años iluminaba una pantalla en blanco y negro. “Siempre he trabajado con entusiasmo, me he adaptado a cada tiempo y he respetado a todos: al director, a los compañeros, a la prensa, al público…”, dice mientras en su móvil no deja de sonar la melodía del musical que recreaba su vida…“¿Ves cómo me gusta recordar?”.

¿Qué sientes al recibir un premio al trabajo de toda una vida?
Ilusión y un enorme agradecimiento. Cuando me enteré, me puse a llorar. Éste ha sido un premio muy deseado. No sé si es que estoy ya mayor, pero me emocioné mucho. Ya gané un TP de Oro en 1984 por Teresa de Jesús y ahora llega otro en la mejor etapa de mi vida, en un momento ideal.

¿Y éste se recoge igual que el primero?
¡Sí! Fíjate Alfredo Landa en los Goya. Es más, cuando empiezas, crees que vas a poder con todo, y no es así. Mantener una carrera digna no es una lotería y es bonito que te lo reconozcan.

Desde los 18 años sin parar…
Recién cumpliditos hice mi primer papel protagonista en Las chicas de la Cruz Roja. En esa etapa también fue muy importante mi paso por Estudio 1. Había actrices que no querían hacer televisión por si se quemaban. Yo no; siempre me he adelantado a mi época y cada trabajo me ha aportado algo nuevo y positivo.

En los sesenta te inclinaste hacia las comedias dulces.

Sí, con Tony Leblanc, Antonio Ozores, José Luis López Vázquez… Todo el mundo se identificaba conmigo. Por supuesto que no era Marilyn Monroe, pero la gente me cogió mucho cariño, me consideraban como la vecinita de al lado.

Pero cambiaste de registro.
Di un giro importante hacia el teatro más ‘serio’ con La llegada de los dioses, Abelardo y Eloísa…. Y empecé una persecución al director Pedro Olea porque quería el papel de Rosalía en la película Tormento. Sí, los años setenta fueron decisivos para mí.

¿Concha Velasco ha tenido que esperar a que la llamen?
Afortunadamente, no. Yo soy de las que llaman. Carmen Maura me riñe, pero por pesada conseguí trabajar con Berlanga y, ahora, estoy persiguiendo a Álex de la Iglesia, me encanta.

Y no has dejado tu faceta de presentadora.
Presumo de ella porque, como Raffaella Carrà, he roto moldes. Recuerdo Viva el espectáculo y los Especiales de Fin de Año en TVE… ¡siete horas en directo! Y Querida Concha, Encantada de la vida, Sorpresa, sorpresa…

Últimamente la malvada Carmen Orozco te ha atrapado.
Este personaje es un lujo. ¿Sabes lo que más me costó? Salir con la cara lavada, ¡con lo coqueta que soy!

¿Y sigues llenando el teatro con ‘Filomena Maturano’?
Dentro de poco acabamos la gira y, a finales de año, quiero hacer dos monólogos de Jean Cocteau.

De jubilarte ni hablamos…
Soy una actriz vocacional. Me retiraré si me falla la cabeza o el día que no sepa interpretar. Quiero ser como doña Aurora Redondo o don Manuel Alexandre. Aquí estaré.


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