Antena 3 estrenó el martes, la serie "El síndrome de Ulises", y la verdad es que la aceptación del público no fue nada mala.

Para empezar, hay que destacar que la serie lideróa la noche, con una audiencia bastante bajita : 17.4% de share y 3.093.000 espectadores.

La serie empezó con un 8% de share y a medida que avanzaba la noche iba subiendo de audiencia. A las 22:50h, llegó al 23% y al final del episodio a las 23:25h llegó a un 28% de share.

Respecto al público hay que destacar que lideró entre los jóvenes de entre 13 y 24 años con casi un gran 30% de share. Además, lideró entre la audiencia de 25 a 44 años, con un 21% de share.

Respecto al target comercial, la serie consigue un buen 18.4% de share teniendo mejores audiencia en Aragón (23.9%), Murcia (23.4%) y Madrid (21%), y teniendo menos audiencia en Euskadi (16.9%), Catalunya (14.8%) y Valencia (13.7%).

A continuación un "mix" de las críticas de la serie....

- MARGARITA RIVIÈRE (EL PAÍS)

"La serie apuesta por un público paradigmático, aquel que se divierte con la desgracia ajena, y más aún cuando se trata de que un pijo (antes se hubiera dicho un burgués) vaya a menos (...) ¿Todos los tópicos valen cuando se trata de hacer reír? Así parece. El desclasamiento por abajo es un gran tema para buenas comedias contemporáneas: permite el matiz, la ironía. No es el caso: aquí todos sobreactúan, incluso el guión. La caricatura forzada es un género hispánico de éxito: ésta es la apuesta."

- CECILIA GARCÍA (LA RAZÓN)
"Sus inicios prometen. Vale que muchos de los personajes sean unos arquetipos pelín lineales que los actores deberán encargarse de darles cuerpo y personalidad -a Nancho Novo le sobra presencia y talento para hacer suyo el papel-, pero a su favor cuenta con unas situaciones verosímiles y bien resueltas. Tal vez porque aún le cuesta deshacerse de la imagen que ofreció en «Un paso adelante», Muñoz encaja como anillo al dedo en el personaje de médico con talante de niño rico."

- FERRÁN MONEGAL (EL PERIÓDICO)
"Tiene buena pinta. Ulises es un señorito que se encuentra con que la mala cabeza de su padre le obliga a arremangarse y a trabajar como un descosido en un humilde centro sanitario de cercanías. O sea, que siendo lo suyo un drama, los guionistas han sabido trufar la tragedia con golpes de humor bárbaro y efectivo. El equilibrio argumental entre ambos discursos, el de la tremenda ruina familiar frente a las trapacerías que le ocurren a Ulises, será la clave para que esta teleserie avance".

- PETER CASTING (20 MINUTOS)
"Un calco, y malo, muy malo, de Doctor en Alaska (...) la serie es una chapuza mayor que las de Pepe Gotera y Otilio. Tiene tantos fallos formales que no sólo no cabrían aquí, es que me niego a enumerarlos. Por otro, el protagonista, Miguel Ángel Muñoz, se pasa el rato haciendo pucheros, con cara de compungido, y pocas cosas hay que me den más grima que un hombre sollozante. Es evidente que para ser actor no basta con saberse unos pasos de baile."

- LUNNY DESCARRIADO (TERRA)
"La serie del ex churri de Mónica Cruz no es el coñazo padre pero en absoluto es para tirar cohetes. Me explico: la presencia del zagal este sin duda atrae a muchas post adolescentes con ganas de ver pectoral turgente. Y eso los productores lo saben, vaya si lo saben. Y quizás la serie tenía un toque demasiado teenager para mi gusto (...) Pero vamos, que la serie se deja ver. Y viendo el percal que hay en los martes, es la serie más apetecible de todas.

- JOSÉ JAVIER ESPARZA (COLPISA)
"Miguel Ángel Muñoz debe de acabar agotado después del rodaje de esta serie, porque la cámara se le engancha en la primera secuencia y ya no le suelta hasta los títulos de crédito finales. Da la impresión de que la productora ha puesto todos los huevos en la cesta de Muñoz, lo cual siempre es arriesgado. ¿Se confía, tal vez, en el virtuosismo del muchacho para dar recitales de interpretación? No exactamente, el chico no es mal actor pero lo que se busca es explotar su atractivo sexual."

- FERNANDO DE FELIPE (LA VANGUARDIA)
"No pude aguantar su primer capítulo. Y no tanto por lo manido de su trama, su anodina puesta en escena o sus discretos actores, sino por ese tufillo políticamente correcto que se le escapaba por sus buenrollistas costuras y que me invitaba a pensar que estaba ante una de esas series concebidas con tiralíneas por gente tan funcionalmente pija como su atolondrado protagonista (de esa que no ha pisado un barrio marginal en su vida, vamos)"