El actual reto televisivo de Raquel Sánchez Silva no es una tarea fácil. Se trata de mejorar los hábitos alimenticios de los españoles a través del programa Soy lo que como, que acaba de estrenar Cuatro.


¿Cree que este espacio era necesario en la programación?

Sí, pero quiero dejar claro una cosa: no es un programa para adelgazar, ni contra la comida rápida. Se trata de dar pautas y consejos para que la gente mejore su alimentación y, sobre todo, para que sepa lo que está comiendo y cómo va a influir eso en su vida futura.


En la entrega del viernes 19 se centran en un ama de casa…

Sí, se llama Emi y es un buen ejemplo de cómo la ansiedad o el aburrimiento pueden llevarte a comer de todo. Próximamente, estudiaremos también el caso de dos estudiantes que se acaban de independizar y el de una pareja de ejecutivos.

¿Usted come bien?
Eso creía, pero tengo que confesar que he aprendido muchas cosas desde que empecé a hacer este programa.

¿Qué encontraríamos si nos asomáramos a su nevera?

Tengo muchas verduras y lácteos. Además, soy de las que acumula tarritos con legumbres en el congelador porque, como a diario suelo llegar bastante tarde a casa, el día que puedo cocino para toda la semana.


¿Y si, de repente, le apetece comerse una porción de pizza?

Pues me la como, porque yo no estoy para nada en contra de la comida basura. El problema viene cuando la gente convierte esos alimentos en la base de su dieta. Repito que aquí no se criminaliza el consumo aislado de ningún tipo de alimento.

Confiese: ¿ha hecho régimen alguna vez en su vida?
Sí, como todas las chicas, estuve a dieta de adolescente. Pero ahora he aprendido y, además de comer bien, practico algo de ejercicio.

¿Y cuánto pesa ahora?
Cincuenta y siete kilos.


¿Qué ha sido lo más habitual que han encontrado al abrir las neveras de la gente que ha participado en el programa?

Muchos refrescos, zumos envasados, botes de mayonesa, de ketchup… Me ha llamado la atención que casi no había fruta fresca, ni agua.

¿Cree que una buena alimentación afecta al estado de ánimo?
Claro que sí. La familia que analizamos en el primer programa se transformó por completo: la madre estaba más guapa, salía a pasear, varió la decoración de la casa… El cambio en la alimentación supuso para ellos una transformación total.

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