"Piel de otoño" será la sustitua de la telenovela, "La Tormenta" que está a punto de finalizar y aquí, en Cristian-tv te contamos lo que pasará esta semana en la telenovela de la Primera.

Deseosa de abrazar a su hija, María Teresa entra en ‘La Guanipera’ sin ser vista y llega hasta la habitación en la que Nanny acaba de dejar a la pequeña. Sin sospechar lo cerca que está la joven Montilla, en la estancia contigua Nanny, Bernarda y Genoveva se preguntan cuánto tiempo tardarán en encontrarla.

Será Dalila quien, poco después, localice a la hacendada en una cabaña. Como la joven Montilla se niega a ir al pueblo, la madre de Virginia se compromete a no delatarla y a llevarle víveres mientras se empeñe en no decirle la verdad a Santos: “Yo estaré pendiente de ti en todo momento, pero tú también debes poner de tu parte y dejar que un médico vea tus heridas”. María Teresa niega con la cabeza, pero besa las manos de su salvadora, en señal de agradecimiento.
Entre tanto, en la ciudad, Santino ha averiguado dónde tiene la Policía escondida a Isabela y envía a uno de sus secuaces para que la elimine. Sin embargo, como ya ha ocurrido otras veces, la hábil muchacha logra escapar de su verdugo sin demasiado esfuerzo.

Lejos de allí, Dominó se muestra más inquieto de lo habitual y Torrealba, seguro de que intuye algo, decide dejarse guiar por él. Momentos después, el caballo se detiene ante una apartada cabaña y el jinete se dispone a entrar. Tras echar un vistazo en el interior, Santos decide marcharse pero, de pronto, alguien se lanza sobre él.
El joven, en el suelo, trata de zafarse de la persona que tiene encima, pero sus fuerzas le abandonan al reconocer a su atacante. “¿Señorita? ¿Señorita María Teresa?”, susurra con la voz quebrada.

Cohibida, la hija del fallecido Ernesto se levanta enseguida y regresa a la penumbra. “Yo sé que es usted porque, aunque tenga esa máscara, nadie tiene una mirada tan dulce. No sabe cuánto he sufrido sin su presencia”, prosigue su marido abrazándola. Sin embargo, ella logra soltarse y huye de su amado.

No muy lejos de allí, Ariana es secuestrada por varios hombres y llevada ante Flavio. Éste comunica a la hija de su jefe que Santino está esperándola en el pueblo vecino. Argimiro no tarda en enterarse de lo ocurrido y reúne a varios vecinos para ir en su busca.
Alguien está tocando insistentemente a la puerta de la casa parroquial y el padre Damián acude a abrir. En cuanto ve las manos quemadas de la mujer que está ante él, comprende que se trata de María Teresa y la invita a pasar.

Desesperado, Santos llega a Puerto Bravo y, tras pedir ayuda a Alirio, ambos se dirigen a la iglesia. Al hallar las puertas cerradas, Torrealba deduce que su esposa está dentro y le grita al párroco que le permita entrar. Éste le aconseja que deje que María Teresa reflexione, pues está convencida de que solamente despierta lástima en él.

“A mí no me importa cómo esté su cuerpo, yo la amo igualmente y voy a esperarla toda la vida si es necesario”, asegura el ex capataz. Alesio interrumpe la charla para contarle que Ariana ha sido secuestrada por su propio padre. “Voy a ajustar cuentas con Santino, y esta vez uno de los dos saldrá muerto del enfrentamiento”, promete Torrealba.

En ese momento, la rehén está siendo trasladada en coche a un lugar seguro que solamente conoce su progenitor, pero logra desatarse antes de llegar a su destino y provoca un accidente. Aprovechando que sus guardianes están inconscientes, los saca del automóvil y, acto seguido, arranca el vehículo. “No dejaré que hagas más daño, papá, aunque para ello tengas que matarme”, piensa en voz alta.


UNA TARÁNTULA PARA LA MALVADA ISABELA

Demetrio logra convencer a los habitantes de Puerto Bravo de que Tatacoa es la causante de todas las desgracias que desde hace tiempo abaten el pueblo. “¡La hechicera tiene que morir!”, grita el muchacho.

María Teresa observa a la exaltada muchedumbre y sale sigilosamente de la iglesia. Mientras se adentra en el bosque, la mujer recuerda las palabras de La Sibila: “Hija, sólo una prueba de amor y misericordia por tu parte podrá cambiar tu destino y el de todo este pueblo”.
Ajena a lo que se le avecina, Tatacoa utiliza sus ya mermados poderes para invocar a Yorocu con un objetivo: asesinar a la esposa de Torrealba y hacer desaparecer el pueblo para siempre. Pero su maldad se volverá contra ella cuando el dios indígena se le aparezca y le reclame todo el dolor que ha causado: “La maldición que has vertido sobre el hombre blanco caerá sobre ti”.

Santos se encuentra por casualidad con Pedraza y, cuando éste le explica que está buscando a Santino para detenerlo, se ofrece a ayudarle. Isabela también acaba de llegar a Puerto Bravo para poner en marcha su venganza. Pero antes de lograr su objetivo, una tarántula está a punto de dar al traste con su maquiavélico plan.