27, jul
El Rincón de Bea
Como siempre empezamos con las audiencias de ayer de "Yo soy Bea" >> 2.311.000 espectadores y 25.2% de share.
En el capítulo de mañana...
Después de trabajar durante toda la noche, Bea se queda dormida mientras redacta el final del balance de cuentas. Cuando se despierta, se da cuenta con horror de que no va a poder llegar a tiempo a la junta de accionistas para presentar el documento. Decide entonces llamar por teléfono a Bárbara y enviárselo por e-mail para que puedan ir empezando sin ella. Bea pone todos los medios a su alcance para ir lo más rápido posible pero el tráfico, las obras y las continuas averías del coche de su padre hacen que se retrase cada vez más. Mientras, en Bulevar 21, Bárbara imprime el informe y al darse cuenta de que Bea no va a llegar a tiempo para la junta, decide presentarlo como si lo hubiera elaborado ella.
Y hoy Bea nos cuenta en su blog....

EL HUMILLÓMETRO = APARATO PARA MEDIR HUMILLACIÓN
Queridos feonautas:
Una vez más, vuelvo a equivocarme. Hay cosas más humillantes... además de que tu jefe te deje plantada. Lo sé, lo sé, lo de pisar la caca de perro también fue muy humillante pero... ¿Qué me decís de los 30 euros que tuve que pagar en el maldito restaurante en el que esperé más de cuatro horas al susodicho?
30 euros por una botella de agua artesanal japonesa(... de cuyo nombre no quiero acordarme) y un puñetero panecillo de de centeno tibetano que encima te rasca medio esófago al intentar tragarlo. El susto de la cuenta no se me hubiese pasado ni tomándome la caja entera de Valeriana -la de 60 grageas, no la de 30. No sé qué me daba más vergüenza si pagarlo, o acordarme de toda la gente que se muere de hambre por el mundo. Reconozco que pensé en ellos sí, pero también pensé el despilfarro que eso suponía para mí. ¡30 euros! Eso, en mi economía doméstica, equivale a 4 paquetes de cincuenta rollos de papel higiénico de doble capa o... a 27 bolsas de pan bimbo o... a 13 botellas de gel de baño o a... nueve paquetes de medio kilo de carne picada... En fin, ¿qué os voy a contar si mi padre y yo hay meses que estamos apurados hasta para pagar las películas del videoclub?
Igual que está el Sismógrafo y la escala Richter para medir los terremotos, podíamos tener un aparato u artilugio para medir el grado de intensidad de la humillación. El humillómetro. Debería inventarlo o...¿Alguno de vosotros, ahí fuera, sabe si existe? Si existe, fijo que me ponen uno cerca y –como poco- lo reviento. Feonautas, aún hay más: el colmo de la humillación ha sido que media oficina, o mejor dicho, la oficina entera se enterase de que “alguien” me ha plantado. Y es que- y aquí el humillómetro se pondría al rojo vivo- queridos feonautas, la invitación al “Palacio del Despilfarro” no era para mi, era... para la prometida de mi querido jefe. ¿Cómo llegó esa invitación hasta mis manos? Pues me lo ahorro. No hay humillómetro que pueda medir semejante evento. Ni ese ni este otro: he tenido que recoger un documento de vital importancia para mi jefe, al recogerlo me caigo y...¿con qué me encuentro? Ni más ni menos que con mi jefe vestido con un sombrero mejicano. Sólo con un sombrero mejicano. Sí, feonatutas, estaba totalmente desnudo...¿Alguien tiene dos cajas de Valeriana a mano? Es que todavía me tiemblan las manos. Saludos de vuestra fea aturullada.